El mar y sus amenazas. Segunda parte

Recursos marinos vivos

 

Una segunda amenaza que sufren los océanos se refiere a la sobreexplotación de los recursos marinos vivos, la mayor fuente de proteína para consumo humano.

 

La sobrepesca registra cifras nunca antes vistas, con niveles de captura que han alcanzado su nivel máximo en las zonas de mayor actividad.

Foto#2-2

Las investigaciones científicas detallan que al menos una cuarta parte de las poblaciones de peces son víctimas de la explotación excesiva.

 

El resultado de esta insostenible actividad humana es la degradación de la vida marina, una posibilidad cada vez menor de aumentar el rendimiento de las poblaciones y un desequilibrio en los ecosistemas marinos. Impacta también con menores ingresos para las poblaciones que viven del recurso y por ende, la seguridad alimentaria del Planeta está en peligro.

 

Cabe recordar que las especies que viven en el fondo marino crecen extremadamente lento y su madurez sexual se alcanza luego de unas décadas. Cuando las grandes pesquerías ubicadas en aguas internacionales donde no existen regulaciones arrasan con estas poblaciones jóvenes de peces, las convierten en muy vulnerables. En el caso del pez reloj anaranjado o la merluza negra, dado que fueron víctimas de la pesca de profundidad por años, hoy están extintas comercialmente.

 

Otras especies comerciales están en peligro de correr la misma suerte por la sobreexplotación de bancos en fondos marinos.

 

El problema para los gobiernos y autoridades nacionales e internacionales es que se han incrementado las actividades pesqueras ilegales, no declaradas y no reglamentadas en alta mar desarrolladas “por buques de Estados que son miembros de organizaciones regionales de gestión de la pesca y buques de Estados que no son miembros de esas organizaciones”, según refiere el reporte de las Naciones Unidas.

 

Por supuesto, tal y como Sea Shepherd lo ha reclamado en Costa Rica y en otros países, es una realidad que el tráfico ilegal extiende sus tentáculos debido a las subvenciones del Estados, a los insuficientes o débiles controles y sistemas de vigilancia y a la escasa inversión en tecnología y equipamiento para aumentar el control.

 

SOFIA es un informe presentado cada dos años por la FAO y, en el último, se afirma que el 52% de los campos de peces son explotados por completo, 20% son explotados moderadamente; el 17% es sobre explotado, el 7% se encuentra severamente empobrecido y apenas el 1% en vías de recuperación.

 

Desde cualquier punto donde se mire, la ecuación resulta desventajosa para los océanos y sus ecosistemas porque la FAO asegura que el 80% de los bancos de peces son explotados en diferentes niveles y amenazan con aumentar el número de zonas colapsadas.

 

Aquí mostramos un ejemplo expuesto por la organización Overfishing: en 1992 la industria de pesca del bacalao en Canadá fue interrumpida de manera abrupta  pues al llegar la temporada ya no había bacalao que pescar. El origen de ello fue un ecosistema sobre explotado al máximo y que afectó al menos a 40.000 personas que vivían de la pesca del bacalao.

 

¿Vamos a permitir que el negocio de unos pocos convierta a la especie humana en ser la próxima amenazada por la extinción?