¿Por qué rechazamos el aleteo de tiburón?

Como organización ambientalista que lucha por la protección, conservación y contra cualquier amenaza que afecte el recurso marino, Sea Shepherd siempre ha luchado para detener la funesta práctica del aleteo del tiburón.

Lamentablemente, aún no ha sido posible detener el aleteo en Costa Rica debido a la presión que ejercen los mercados mundiales, especialmente los dirigidos a los países asiáticos donde el consumo de aletas, si bien depredatoria, es una costumbre ancestral.

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Según la agencia de noticias EFE, “el volumen de aletas de tiburón importadas hacia Hong Kong es de aproximadamente unas 10.500 toneladas métricas. Se paga por kilo de aleta de tiburón hasta mil euros en ese mercado”.

Diversos grupos defensores de la naturaleza, entre ellos Sea Shepherd, han levantado sus banderas solicitando al Gobierno costarricense que detenga el aleteo, por medio del endurecimiento de las leyes de pesca, el incremento de los controles por parte de la guardia costera y prohibiendo el consumo de aletas en el mercado nacional.

Se estima que el aleteo de los tiburones provoca la matanza de más de 200 millones de individuos por año, y ha sido la responsable de la disminución del 90% de las poblaciones de tiburones en las últimas cinco décadas.

A lo que hay que sumar la extrema crueldad de esta práctica: recordemos que los barcos pesqueros, capturan al tiburón, le cortan sus aletas y devuelven al animal vivo al mar, el cual tiene un dolorosa agonía, se desangra y muere ahogado, ya que sus branquias necesitan el movimiento de nado para llevar oxígeno a sus pulmones.

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Los tiburones son especies cuya reproducción es lenta. De sus poblaciones dependen muchas otras especies y ecosistemas oceánicos.

Costa Rica tiene un patrimonio marino envidiable y reconocido a nivel internacional, pero en el tema del tiburón, ha puesto en peligro la biodiversidad marina y el desarrollo sostenible con decisiones políticas que van en contra de acuerdos mundiales para la protección del recurso, y hasta en contra de sus propias políticas proteccionistas adoptadas en el pasado.

En los últimos meses, y gracias a la presión internacional, el Gobierno ha recapacitado y está variando el rumbo de su política pesquera, dando paso a un argumento más sólido y sensato respecto al aleteo.

Sea Shepherd ha urgido al Estado costarricense a adoptar una regulación más estricta sobre esta práctica, tal y como lo han hecho Estados Unidos, Brasil, la India y la Unión Europea, siguiendo las recomendaciones de las Naciones Unidas que desde el 2007 instó a los países a exigir que los tiburones sean descargados con sus aletas adheridas.

Nuestra posición es la de prohibición total porque está más que demostrado que el comercio mundial de aletas de tiburón es cruel e insostenible, y que los sistemas de regulación y control en alta mar y en puerto son deficientes y frágiles.

Compartimos la postura de la Unión Nacional por la Naturaleza y de la Asociación de Amigos de Parques Nacionales acerca de no permitir más el argumento de China, Japón y otras naciones asiáticas de que el consumo de aletas es una tradición culinaria y forma parte de su riqueza gastronómica: la sobrevivencia de los mares trasciende hábitos que pueden perfectamente ser modificados.